En la anterior entrada nos habíamos quedado con una figura terminada en arcilla, que ahora vamos a deshacer para obtener un molde. Una pieza muy sencilla y no demasiado grande, puede hacerse en un único molde, lo que facilita el proceso. Pero habrá que prever que podamos extraer de su interior todo el barro sin dañarlo. Más habitual es hacerlo en dos piezas, o como en este caso en tres.

Para ello habremos guardado unas cuantas latas que cortadas con unas simples tijeras nos proporcionan una chapas muy finas. Con ellas prepararemos la separación entre las distintas piezas del molde, evitando que se unan al cubrir la figura de escayola. Las chapas se clavan en el barro todavía blando de modo similar a como se ve en las fotos. Ojo que cortan.

El corte va a dejar marcas en la pieza que luego habrá que repasar. Así que buscaremos separaciones lógicas, no vamos a atravesar un ojo ni nada parecido. Y que luego podamos separar las partes del molde con relativa facilidad.

Ahora empezamos a fabricar el molde. Aplicamos una primera capa de escayola a la que le añadimos un tinte. Y la salpicamos con los dedos, procurando que entre bien en todos los pequeños huecos de la figura, como los dientes y la boca del bicho de la izquierda. No hace falta decir que más vale proteger lo que tengamos detrás si no queremos ponerlo todo perdido. Salpicamos con fuerza, hasta cubrir por entero toda la figura. Es bueno evitar las prisas, aunque para ello haya que hacer varias lechadas de escayola coloreada.

La segunda capa del molde, todavía con tinte, la podemos aplicar con un pincel grueso, dejando una capa mayor. Volvemos a cubrir con esta segunda capa toda la figura, procurando que nos quede de entre 5 y 10 mm de espesor.

Sobre ésta ponemos ahora nuevas capas, en sucesivas lechadas de escayola sin colorear, hasta que consigamos al menos 50 mm de grosor. Si es más gruesa, mejor. Tendremos menos riesgo de que se rompa al separarse y además aunque no nos demos cuenta, habrá partes mucho menos gruesas de lo que pensamos. Aunque la escayola endurece en unos cinco minutos, mejor si esperamos al día siguiente antes del siguiente paso.

Quitamos las chapas y utilizando cuñas de madera, empezamos a forzar la separación de las placas del molde. Despacio, clavando varias cuñas a la vez, porque el barro las sujeta con más fuerza de la que esperamos. Si en este proceso se nos rompe un molde, no desesperamos, sino que guardamos las piezas y luego las unimos.

Antes de seguir, la siguiente serie de fotografías ilustra el proceso en la figura de mujer Himba que hice años atrás:

En la imagen superior izquierda se ve un error que cometí por querer esquivar el corte de un detalle. Esa curva que dibujé con las chapas de lata me dio serios problemas para separar los moldes, dos en este caso, y uno de ellos se rompió. De todo se aprende.

Arriba a la derecha vemos el molde roto. Y cómo queda una vez limpio. También se ve la arcilla de la figura original, que guardaremos para la siguiente. Porque una vez está bien seca la arcilla se vuelve a reblandecer añadiéndole agua.

Una vez hemos sacado el barro de los moldes, los frotamos bien con agua para eliminar todo resto y los volvemos a juntar. Para evitar que se escape la escayola por las uniones las tapamos por fuera con una nueva lechada de escayola. Y nos aseguramos de que no se separen al rellenarlos, ya que según sea el tamaño de la figura vamos a echar bastante escayola, va a pesar y a ejercer presión, así que si las piezas no se unen con fuerza se podrían abrir. Lo más seguro es rodear el conjunto con estopa o cuerda de fibra empapada en escayola.

Si estáis pensando que se me ha olvidado sacar fotos a esta parte acertáis. Una vez esté listo el molde le damos la vuelta y nivelamos con un nivel la base (que ahora es la parte superior). Esto va a ser como llenar un vaso de agua, si lo inclinas se vierte antes de llenarse del todo. A ver qué encontráis para sujetar el molde del revés. Yo he usado en varias figuras una silla sin asiento, en la que encajaba bastante bien. O un cubo grande. O le he fabricado un soporte con trozos de madera y los he asegurado con escayola. Lo último que hay que hacer antes de preparar el relleno es aplicar con un pincel una generosa capa de jabón líquido a todo el molde por su interior. Sirve para que la escayola de relleno no se adhiera a la del molde. Ahora estamos listos para rellenarlo.

Preparamos una muy buena lechada de escayola, y esta vez meteremos la mano para mezclarla bien y que no queden grumos. Si podemos rellenar el molde de una sola vez, mejor. Si no, tampoco pasa nada, preparamos la segunda lechada lo antes posible y lo completamos.

Pediremos ayuda a alguien para que, al mismo tiempo que vertemos la escayola líquida, haga vibrar el molde, sacudiéndolo con movimientos cortos y rápidos, para que no se formen demasiadas burbujas. Mantendremos la vibración un par de minutos y volveremos a dejarlo endurecer hasta el día siguiente. Ya podemos darle de nuevo la vuelta.

Volvemos a tener la figura hecha, pero ahora hay que descubrirla: vamos a romper el molde, por eso se llama técnica de molde perdido, sólo puede usarse una vez.

Volviendo a la figura de Cristal Oscuro, lo haremos con cuidado. Cuanta más prisa tengamos más marcas le vamos a hacer. Ahora se entiende porqué la dimos color a la primera capa del molde. Primero sirve para poder quitar la capa exterior más rápido y tener cuidado al llegar a esta capa. Luego nos servirá también para evitar que queden restos del molde en la figura final

Cuanto más simples son las formas de la figura más sencillo es el proceso. En la figura de arriba todo el molde de detrás salió de una pieza, se entiende porqué viendo su forma. Os recomendaría que si queréis probar empecéis por figuras simples. Además ya en la Grecia Clásica el gran Fidias decía que una buena escultura debe ser capaz de rodar por un terraplén sin romperse. Cierto que él las hacía en mármol, pero es bueno recordar que las formas finas que sobresalen demasiado van a ser frágiles, salvo que las hagamos en bronce por ejemplo. Y eso cuesta un ojo de la cara.

Nos ayudaremos de un formón y un martillo o maceta hasta conseguir limpiar totalmente la pieza. En la imagen superior se ven numerosos defectos: burbujas, marcas, rebabas en las uniones del molde… Hay que contar con todos ellos. Las burbujas y marcas las taparemos con aguaplast, que al tener un secado más lento nos deja trabajar sin prisas. Las rebabas hay que tallarlas, porque una de las ventajas de la escayola (y del yeso, que también puede usarse), es que podemos tallarlo con facilidad. Lijar las superficies que deseamos pulir, acentuar las arrugas del bicho anciano, retocar los párpados, afilar los dientes…

Se aprecian en blanco más limpio las zonas en las que he aplicado aguaplast y los rostros pulidos de los muñequillos más pequeños. Ya sé que me falta mucho para igualar al genial Jim Henson, su verdadero creador, pero el proceso ha sido divertido. Como veis hay un trabajo importante de artesano, pero en la escultura en general hay que contar con ello. En siglos pasados este proceso los realizaban moldistas y broncistas, pero como tantos otros oficios antiguos ya apenas existen.

Para terminar, otra ventaja de la escayola es que es fácil de pintar. Se le aplica alguna imprimación o tapaporos y se puede colorear en uno o varios tonos. En este caso, el encargo incluía policromar los personajes, pero el resultado final lo encontraréis en mi galería de figuras en cuanto le dé la última mano.

Cristal Oscuro. Técnica de molde perdido (II)
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