A veces te dejas arrastrar por encargos curiosos. Éste me lo hizo mi hijo a comienzos de verano. Como no dibuja nada mal vino con la idea hecha, y hasta con la composición. O sea, que esta vez yo sólo he puesto las manos. Pero me gustó la idea de enfrentarme a unos extraños personajes, marionetas en realidad, con texturas y volúmenes tan marcados. Y además, siento aprecio por estos pequeños muñecos que han formado parte, desde hace más de 20 años, de la filmografía y la fantasía que comparto con mi hijo. Va para él.

En el taller me suelen preguntar la forma en que hago las figuras, así que partiendo de esta pieza voy a intentar explicarlo de una forma sencilla. Y si alguno quiere hacerlo por su cuenta puede consultármelo y le explico algunas cosas con más detalle. La técnica de molde perdido es el modo tradicional de pasar un volumen de barro a cualquier otro material que podamos verter en un molde, como acero, bronce, plomo, cemento o escayola. En escultura, ligada a la fundición de metales, se lleva utilizando desde las primeras civilizaciones.

Lógicamente lo primero es hacer la figura en arcilla y en esta primera entrada nos centraremos en eso. Al igual que en el dibujo y la pintura, el modelado se realiza de modo uniforme, avanzando todo el conjunto a la vez. Para ello es bueno tener algo que nos facilite rotar la figura conforme trabajamos. Y si empezáis a usar la arcilla muy blanda, tal como se ve en la primera imagen, será útil clavar a la base un esqueleto de madera o alambre que ayude a sujetar las formas.

Se empiezan a definir los rasgos, que nos ayudan a proporcionar los volúmenes, aunque es fácil que necesitemos añadir o quitar material y haya que rehacerlos.

También la dureza de la arcilla marca su ritmo: en fresco trabajamos la estructura y los volúmenes generales y conforme pierde humedad y gana consistencia vamos dando más detalle. Pero no hace falta correr, cuando nos cansamos humedecemos la obra con un espray de agua y luego la tapamos con bolsas de plástico.

Cuando estamos más o menos seguros de que no habrá que hacer grandes cambios, empezamos a dar detalles más en serio. Pero nunca antes. Da mucha rabia terminar un ojo y darte cuenta de que hay que moverlo unos milímetros hacia arriba, cosa frecuente por cierto, pero aun más si lo que hay que cambiar es toda una cabeza. Acordaos de que esto no es YouTube: nos equivocamos, hacemos correcciones. Es parte del proceso.

Junto con los detalles empezaremos a trabajar la textura. La arcilla se presta a infinidad de acabados diferentes, rugosos, suaves… cada objeto que usemos para modelar deja una huella diferente, que podremos aprovechar.

Así, una espátula o una tarjeta caducada viene bien para planos rectos, como en la piedra que sobresale en el centro. La arcilla en «dureza cuero» (cerca de empezar a secar) podemos pulirla y dejarla suave frotando con los dedos o un palillo de modelar. Para la textura rugosa del bicho malo de la izquierda he aplicado barrutina, que es como se suele llamar al barro muy aguado.

Y ahora que empieza a tener buena pinta la vamos a destrozar. Le clavaremos chapas de lata y la ensuciaremos de escayola. Pero eso lo explicamos en la siguiente entrada.

Cristal Oscuro. Técnica de molde perdido (I)
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