O lo que es lo mismo, mi última chiquillada: Un dragón de plastilina.

Más exactamente y para que no se enfaden los expertos es un wivern, como los de Juego de Tronos. En realidad iba a hacer un dragón tradicional, cuatro patas y dos alas, con ese aire romántico de los preciosos dibujos de Ciruelo. Pero me salió la vena “realista” o académica, no sé, fruto de tantas horas de estudios de anatomía, y me dio por pensar que ningún vertebrado tiene seis miembros. Cierto que de dragones no me enseñaron mucho, tradicionalmente el mundo académico —es así de soso— no les ha prestado excesiva atención. Se llevaban más los caballos.
Bueno, os enseño primero el bicho y el que se atreva sigue luego con lo de las «sesudas reflexiones». Esto de abajo es una fotogrametría, un 3D realizado a partir de un buen puñado de fotos. Poco a poco le voy cogiendo el truco, por eso me ha quedado mejor que los diablillos de una entrada anterior. Le cuesta unos segundos descargar, luego podéis girar, aumentar y desplazar el 3D.
A lo que iba: aunque las sesiones de posado en vivo nunca incluyeron modelos de dragón, lo que sí que aprendí es que para plasmar cualquier ser vivo con un mínimo realismo anatómico había que estudiar. Un montón. Y que por mucho que estudies todavía habrá detalles que se te escapen. Como me preguntó mi mejor profesor de dibujo: ¿En el tobillo humano qué hueso es más alto, el de dentro o el de fuera? Ni idea, claro. Por ello me enseñó que si quería hacer algo realista más me valía usar modelos o imágenes de referencia.
Y con toda la razón. Por si fuera poco complicado acordarse de esos cientos de huesos y músculos, y de los tendones que los unen, y de cómo se arruga aquí o allá la piel que los cubre… Encima luego todo es distinto según cambia la tensión o la postura, la dirección de la luz, el escorzo, el sexo o la constitución del cuerpo… Sí, definitivamente, mejor tener un modelo.
Ya. ¿Y un dragón? ¿En serio necesitas estudiar anatomía de un ser fantástico? Pues también. Por ejemplo, quieres transmitir la sensación de fuerza de un brazo que mueve unas inmensas alas capaces de levantar a una criatura gigantesca. Necesitaremos músculos grandes, bien marcados, en la dirección correcta, insertos en huesos poderosos y con amplias superficies de agarre. Como los pájaros. Y ahí tenemos una primera referencia que tal vez podamos usar. A estudiar anatomía avícola. Y descubres ¡vaya! que su esternón ha evolucionado en una inmensa quilla y que sus músculos son tan grandes que forman un pecho ancho y feo. Horrible. Imaginad nuestro dragón con pecho de paloma. Ni pensarlo.
¿Los murciélagos? Más de lo mismo. Por no hablar de esos bracitos tan finos, un dragón así no tendría ni dos tortas.

Cambio de plan, hay que pensar a lo grande: Anatomía de los Pterodáctilos. Algo habrá, seguro, es lo que tiene internet. Y te encuentras con que tenían buenos hombros, pero las alas… ¡Qué desastre! Las alas se formaban a partir de un único dedo. Así que vuelves a la foto anterior del murciélago zorro, porque esas sí que son unas bellas alas correosas con cuatro dedos.
Y resumiendo, abres una carpeta que se llama “ideas para dragón” y metes fotos de alas de murciélagos, patas de avestruz y de hombre lobo, los músculos del cuello de un caballo y de un tiranosaurio, un estegosaurio, un par de dibujos de Ciruelo (indispensables), una iguana, un dragón de Komodo y un fotograma de Juego de Tronos, porque aunque el dragón no me convence del todo, la Kalesi es muy mona.
Luego le echas imaginación, claro. Pero las garras, la constitución ósea, la distribución de las alas y otros mil detalles serán más o menos creíbles, porque tendrán una lógica anatómica. Y en la representación de cualquier figura la anatomía lo es casi todo. Es la que nos dice que los cuerpos en reposo son simétricos, que los músculos en flexión se contraen, que los cuerpos tienen peso y que los dragones auténticos tienen cara de mala uva. En mi galería de figuras podéis verlo en fotos, creo que efectivamente está bastante cabreado.
Y llegados aquí más de dos se están preguntando, «si en cuatro días lo habrás desecho, ¿para qué haces todo eso?» Y la respuesta es fácil: Por lo mismo que hago tantas de las cosas que hacemos todos. ¡Porque es divertido!
