Siendo un crío hice una Piedad en terracota, que mi madre —que siempre valoró mucho todo cuanto hacía— puso en casa sobre el taquillón de la entrada. Años después le pedí que la tirase, porque me parecía que tenía demasiados fallos y además la terracota se deteriora con facilidad, por lo que también tenía algunos desperfectos. Ella ni caso, me dijo que le gustaba y que a callar.

Así que tuve que hacer una nueva Piedad, más grande, más elaborada, que modelé primero en barro y luego rematé en escayola con la técnica del molde perdido.

Pretendí que fuera mi mejor obra. Y traté de representar el peso del cuerpo yerto, la cabeza y los miembros inertes, el cuerpo de la madre como trono que lo sostiene y le arropa y su expresión de dolor contenido. Creo que le gustó, porque cuando se la di me dejó tirar la vieja sin rechistar.

Mi madre murió hace ya muchos años. Y yo ahora me doy cuenta de que también esta figura tiene un montón de fallos. Pero, estoy seguro de que lo entenderéis, esta no la voy a volver a hacer. Esta no.

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Piedad
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